SEMBRANDO ESPERANZA

La esperanza es un sentimiento positivo que le da sentido a la vida, que permite ver como posible aquello que deseamos. El término «Esperanza» viene del latín sperarare (esperar), y éste, a su vez, de spes (pie). La esperanza es mantenerse en pie, es la que nos sostiene, como los pies para caminar, sin los cuales no hay posibilidad alguna de andar, ya que la esperanza nos da ánimo cuando las fuerzas nos abandonan y la cuesta es alta y difícil.

La esperanza es un estado de ánimo optimista en el cual aquello que deseamos o aspiramos nos parece posible. En este sentido, la esperanza supone tener expectativas positivas relacionadas con aquello que es favorable y que se corresponde con nuestros deseos.

Dice San Juan de la Cruz: «Allí donde no hay amor siembra amor y cosecharas amor». Lo mismo puedo decir de la esperanza. «Allí donde no haya esperanza siembra esperanza y cosechara esperanza». San Francisco de Asis te aconseja, llevar esperanza donde haya desesperación.

La esperanza se pierde y se gana, pero sin ella no se vive; cada respiración deseada es un aliento de esperanza, siempre esperamos que la próxima será mejo, mas perfecta. Respiramos y esperamos respirar otra vez, nos late el corazón y tenemos el deseo de sentirlo otra vez y otra y así nos hacemos dependiente, tan dependiente que si dejara de latirnos por un momento nos morimos.

Así, cada cosa que hacemos, que vemos, que sentimos, nos hacen esperar hacer, ver y sentir cosas mejores. Esperamos un «mañana» diferente, aun sabiendo que el mañana no es sino un misterio, porque siempre es hoy.

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